Actualidad

  • ¿A qué llamamos Pascua los cristianos?

    16 Abril 2017

    Escrito semanal del Sr. Arzobispo de Toledo, D. Braulio Rodríguez Plaza

    ¡Bendito sea nuestro Dios, que ha resucitado a su Hijo Jesucristo, el Señor, de entre los muertos! ¡Feliz Pascua! ¿A qué llamamos Pascua los cristianos? ¿Significa únicamente esta palabra los acontecimientos de la Resurrección, separando a ésta de lo que celebramos en días anteriores, desde el domingo de Ramos? No puede ser. Otros hablan de Semana de Pasión y llegan sólo hasta el Viernes Santo. No, Pascua es sencillamente Cristo, que padece, muere y resucita. Y la resurrección constituye la novedad absoluta, lo no prefigurado, lo inesperado. Para los Apóstoles y para nosotros, Pasión y Resurrección es la verdadera Pascua. Pascua es el día en que celebramos conjuntamente la Pasión y la Resurrección del Señor. La fe de los cristianos consiste en creer en la Resurrección de Cristo. Muerte y Resurrección unidas constituyen, pues, el Misterio Pascual. Pero no como dos momentos yuxtapuestos, que simplemente se suceden, sino más bien como un movimiento, como un paso del uno al otro. Es decir, algo dinámico, que se mueve, ya que consiste en hacernos pasar de la muerte a la vida, del dolor a la alegría. Algo que no se puede detener. Se trata de la pasión y la resurrección que nos salvó en el Bautismo y la Confirmación y nos nutre con la Eucaristía, y que nos salva este día. Por ello una Pascua de pasión sin la resurrección sería una pregunta sin respuesta, una noche que no termina en el alba de un nuevo día; sería fin, en vez de comienzo de todo. Pero la muerte y al resurrección de Cristo sucedió una sola vez; y lo que nosotros hoy celebramos en la Liturgia pascual es la conmemoración de aquel acontecimiento que sucedió aproximadamente entre el año 30 y el 33 de nuestra era. Pero hoy se nos pregunta a los cristianos por parte de los que no tienen nuestra fe: ¿Eso que decís sucedió con Jesús es cierto o es un mito de primavera? ¿Ha resucitado Jesús únicamente en la Liturgia de la Iglesia, en sus ritos, o ha resucitado también en la realidad y en la historia? ¿Ha resucitado porque la Iglesia así lo cree, o ha resucitado y por esto la Iglesia lo proclama? ¿Ha resucitado Jesús, su persona, o ha resucitado sólo su causa, en el sentido puramente metafórico, donde resucitar significa la supervivencia o la reaparición victoriosa de una idea, después de la muerte de quien la ha propuesto? Así se piensa hoy día en nuestra sociedad; y muchos “cristianos” también. Un lamentable error. De modo que no tenemos las cosas claras, pues la realidad de la Resurrección de Cristo afecta a lo esencial de la fe. Y hay que estar seguros y saber que no creemos a tontas y a locas. La respuesta más autorizada a estas preguntas se encuentra ya contenida en el Evangelio: ¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado! Dicen los Apóstoles, acogiendo a los dos discípulos de Emaús, incluso antes de que éstos puedan contar su experiencia. Los cristianos han hecho de esta frase el saludo pascual: “El Señor ha resucitado”, al que se responde: “¡Es verdad! ¡Ha resucitado!”. ¿Qué ha sucedido? ¿Qué es lo que ha determinado un cambio tal por el que los mismos hombres que antes habían renegado de Jesús o habían huido, ahora dicen en público estas cosas, fundan Iglesias en nombre de Jesús y, tranquilamente, se dejan apresar, flagelar y matar por Él? Ello nos dan una respuesta a coro: “¡Ha resucitado!” Años más tarde, un sucesor de Poncio Pilato en Judea, el gobernador romano Festo, tiene preso a san Pablo que ha apelado al César; pero no entiende de qué le acusan sus compatriotas. Los puntos discutidos, señala el romano, son cosas referentes a su religión, “y sobre un tal Jesús, ya muerto, que Pablo asegura que vive” (Hch 25,19). Cosa curiosa: en el momento decisivo, cuando Jesús fue capturado y ajusticiado, los discípulos no nutrían espera alguna de una resurrección en Cristo. Ellos huyeron y dieron por concluido el caso de Jesús. Algo debió suceder entonces, en el primer día de la semana, algo que en poco tiempo no sólo provocó el cambio radical de su estado de ánimo, sino que los llevó también a una actividad totalmente nueva y a la fundación de la Iglesia. Este “algo” es el núcleo histórico de la fe de Pascua. Y este suceso tiene que ver también con nosotros. Es algo objetivo, no tiene relación únicamente con algo subjetivo, con lo que yo siento en mi interior, como explican incluso algunos exegetas cristianos, de modo que la creencia hubiera creado el dogma de que Jesús ha resucitado. Necesitamos más tiempo para ahondar en el hecho fundacional de la Iglesia: la Resurrección de Jesús. Seguiremos en la semana próxima. +Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo de Toledo. Primado de España.

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  • La Semana Santa

    5 Abril 2017

    Escrito semanal del Sr. Arzobispo de Toledo, D. Braulio Rodríguez Plaza

    “Con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, la Iglesia entra en el misterio de su Señor crucificado, sepultado y resucitado, en el cual entrando en Jerusalén dio anuncio profético a su poder. Los cristianos llevan ramos en sus manos como signo de que Cristo, muriendo en la Cruz, triunfó como Rey. Habiendo enseñado, pues, el Apóstol: “Si sufrimos con Él, también con Él seremos glorificados” (Rom 8,7), la unión entre ambos aspectos del misterio pascual (el sufrimiento y la gloria) han de resplandecer en la celebración y en la catequesis de este día” (Ceremonial de los Obispos 263). El Domingo de Ramos contiene algunas lecciones que nos permiten vivir mejor este misterio del Señor crucificado, sepultado y resucitado que se despliega en la Semana Santa, que hoy comienza. Muy importante es señalar a los cristianos, en primer lugar, el don que nos regala Dios nuestro Señor al concedernos vivir un año más la manifestación más grande de su amor que es el misterio Pascual, la Pascua toda. Tenemos el peligro de creer que somos nosotros los que preparamos, hacemos, organizamos monumentos, procesiones, horas santas, esto o aquello. No, lo importante nos lo da Dios por su Espíritu Santo: vivir los misterios que nos dieron nueva vida. Habrá que preparar lo mejor posible todo lo que posibilite esa gracia fundamental, pero hemos de vivirlo como regalo que se nos hace para disfrutar, ahondar, renovarse y gozar en el Señor. Nos conviene, pues, vivir el Domingo de Ramos como pórtico de toda la Semana Santa, sobre todo de la Pascua del Viernes, Sábado y Domingo, y aclamar al Señor de corazón en la procesión que precede a la Misa, en la escucha de la Pasión dentro de la celebración de la Eucaristía y también en la prolongación de ese triunfo de Cristo, que es la procesión con la imagen de Cristo entrando en Jerusalén. La cultura consumista y del espectáculo puede convertir nuestra Semana Santa en un producto muy atrayente en su envoltura y no contener nada cristiano dentro de ese envoltorio, pues sólo pone de relieve una tradición que es más bien el resultado de considerar la fe católica a la luz de la sociología cultural religiosa. Algo muy alejado de lo que la Iglesia ofrece. En segundo lugar, todos hemos de tomar parte en esta fiesta ritual de la Pascua en sentido evangélico, y no literal; hemos de hacerlo bien: tomemos como nuestra capital, no la Jerusalén terrena, sino la ciudad celeste; no aquella que ahora sufre la guerra y la división, sino la que resuena con las alabanzas de los ángeles. Así, el Jueves Santo no comemos sin más la Pascua judía, sino que damos inicio a la salvación del Mesías de Israel sentados a la Mesa de la Última Cena, comiendo el Pan de vida y la sangre de la nueva alianza que es el Sacramento del Amor, al que adoramos en nuestros tabernáculos en reserva eucarística, que llamamos monumentos. El Viernes Santo no sacrificamos ya jóvenes terneros no carneros desprovistos de inteligencia, sino que ofrecemos al Padre un sacrificio de alabanza sobre el altar del cielo; ofrecemos la vida entregada por amor a nosotros de Cristo Salvador. Es más, en buena lógica, pedimos perdón por todos los pecados del mundo y nos inmolamos nosotros mismos unidos al sacrificio de Cristo que se ofrece al Padre. Ofrecemos nuestro ser con todas nuestras acciones. Estemos, por ello, dispuestos a todo por causa del Verbo; imitemos su pasión con nuestros padecimientos, honremos su sangre con nuestra sangre, subamos decididos a la cruz. ¿Cómo participaremos, si no, en el triunfo luminoso de Cristo en la Noche Pascual y en el día que hizo el Señor, Domingo de Pascua? En tercer lugar, toda esta Semana Santa, sobre todo el Triduo Pascual, hemos de vivirlo personalmente, no como número de una masa, grupo o Cofradía, vecinos o familias. No. El Señor nos invita personalmente y personalmente hemos de responderle. Si crees que puedes ser Simón Cireneo, coge tu cruz y ayuda a Cristo. Si consideras que estás crucificado con él como un ladrón, por tus pecados, como el buen ladrón confía en tu Dios y compra con la muerte tu salvación: entrarás en el paraíso y descubrirás antes de qué bienes te habías privado. Si piensas que puedes hacer lo que José de Arimatea, reclama el cuerpo del Señor a quien lo crucificó, y haz tuya la expiación del mundo. Si como Nicodemo te cuesta mostrar abiertamente que adoras a Dios, ven a enterrar el cuerpo, y úngelo con ungüentos. Puede que te sientas identificado con las tres Marías, y lloras como ellas al amanecer y tal vez seas el primero en ver la piedra quitada, señal de que Cristo ha resucitado en ti, y verás también, ¿por qué no?, a los ángeles o al mismo Jesucristo. +Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo de Toledo. Primado de España

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  • Domingo de Lázaro

    29 Marzo 2017

    Escrito semanal del Sr. Arzobispo de Toledo, D. Braulio Rodríguez Plaza

    El calendario hispano-mozárabe se refiere al domingo V de Cuaresma de este modo: “Misa de Lázaro”. Sin duda, la razón está en la lectura del evangelio de ese domingo que narra la resurrección de este amigo del Señor, hermano de Marta y de María. También en el rito romano, en el ciclo llamado A que leemos este año, la larga lectura de Jn 11,1-45 describe esta resurrección del que llevaba “ya cuatro días enterrado”. Aquí hay un dato que no es casual: en el domingo V de Cuaresma estamos justamente a 15 días de la Vigilia Pascual y del domingo de Pascua. Con otras palabras: ese es el día bautismal por excelencia, y el Bautismo es “como una resurrección de entre los muertos”. Para los ya bautizados, pero sobre todo para los que en esa noche santa de la Vigilia o en el domingo de Resurrección reciben los sacramentos de la Iniciación Cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía), esta narración de Lázaro resucitando y resucitado por Jesús es como sentir un asombro ante la vida que Cristo nos dio y nos da. ¡Qué lejos de lo que normalmente sentimos cuando pensamos en nuestro propio bautismo al renovarlo en la noche pascual! El panorama que se abre a aquellos que son alcanzados por Cristo en el Bautismo es asombroso, pues su vida resucitada nos llena de una alegría sin par, de sentirse liberados y en medio de la luz de la fe. Si pensamos lo que es la vida plena y lo que es la muerte y la diferencia entre una y otra, podemos vislumbrar lo que por el Bautismo hace en nosotros el Resucitado. Nos ayudaremos con los textos bíblicos de este “domingo de Lázaro”. La lectura de la profecía de Ezequiel es el final de un precioso capítulo llamado “visión del valle de los huesos”. Son éstos huesos humanos completamente secos, en los que la palabra del Señor infunde espíritu vivificador, que hace crecer en ellos la carne, los tendones y la piel; los huesos, así, se unen para formar un ser inerte, pero que, al soplo divino, viven de nuevo. “Estos huesos son la entera casa de Israel”. Ahora entendemos las palabras de la primera lectura: “Yo mismo abriré vuestros sepulcros… Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis”. Pero san Pablo dice más en la segunda lectura de este domingo (Rom 8,8-11): “Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales”. Cuando Jesús enseña a sus discípulos aparece con nitidez una insistencia que sorprende: Él ha venido para darnos vida, y vida abundante, no cualquier vida. Quiere que nosotros vibremos ante la nueva vida que nos trae, que la muerte física no puede apagar, porque el que cree en Él, aunque nuera, vivirá. Por eso, cuando más tarde san Pablo escriba a los cristianos de Roma, les dirá que la reconciliación de los hombres que trae el perdón y la justificación del resucitado es “como una resurrección de entre los muertos” (Rom 11,15). Ese es el ser de los cristianos, resucitados que han recibido la vida nueva de Cristo en su iniciación cristiana por los tres sacramentos pascuales del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Los catecúmenos, que preparan ya esa celebración única de la Vigilia Pascual pocos días antes de su bautismo, al escuchar el relato de la resurrección de Lázaro tienen la oportunidad, pues, de vivir anticipadamente las grandes cosas que hace y hará el Señor en su vida en pocos días. ¿Y nosotros, los que ya hace tanto o tan poco tiempo que hemos sido bautizados con la fuerza del Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos y nos podemos sentar cada domingo a la mesa de la Eucaristía? ¿Por qué no preparar con más intensidad nuestra renovación pascual con la confesión de nuestros pecados, la lectura asidua de la Escritura y la oración intensa? ¿Para cuándo vivir la preparación a la Pascua? Quiero traer aquí unas palabras bellísimas de san Efrén (siglo IV): “Cuando preguntó : ¿Dónde lo habéis puesto?, los ojos de nuestro Señor se llenaron de lágrimas. Sus lágrimas fueron como la lluvia, y Lázaro es como el grano, y el sepulcro como la tierra. Gritó con voz potente, la muerte tembló a su voz, Lázaro brotó como el grano, salió y adoró al Señor que le había resucitado. La fuerza de la muerte que había triunfado después de cuatro días es pisoteada para que la muerte supiera que al Señor le era fácil vencerla al tercer día; su promesa es verídica: había prometido que Él mismo resucitaría al tercer día” (Comentario al Diatessaron, 17,7-10). +Braulio, Arzobispo de Toledo. Primado de España

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Redifusión para América y Asia

Redifusión de los programas de producción propia a partir de las 19:00h, (en horario de Miami) y de las 8:00 h. (en horario de Tokio) una de la madrugada en España.





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