Actualidad

  • La Semana Santa

    5 Abril 2017

    Escrito semanal del Sr. Arzobispo de Toledo, D. Braulio Rodríguez Plaza

    “Con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, la Iglesia entra en el misterio de su Señor crucificado, sepultado y resucitado, en el cual entrando en Jerusalén dio anuncio profético a su poder. Los cristianos llevan ramos en sus manos como signo de que Cristo, muriendo en la Cruz, triunfó como Rey. Habiendo enseñado, pues, el Apóstol: “Si sufrimos con Él, también con Él seremos glorificados” (Rom 8,7), la unión entre ambos aspectos del misterio pascual (el sufrimiento y la gloria) han de resplandecer en la celebración y en la catequesis de este día” (Ceremonial de los Obispos 263). El Domingo de Ramos contiene algunas lecciones que nos permiten vivir mejor este misterio del Señor crucificado, sepultado y resucitado que se despliega en la Semana Santa, que hoy comienza. Muy importante es señalar a los cristianos, en primer lugar, el don que nos regala Dios nuestro Señor al concedernos vivir un año más la manifestación más grande de su amor que es el misterio Pascual, la Pascua toda. Tenemos el peligro de creer que somos nosotros los que preparamos, hacemos, organizamos monumentos, procesiones, horas santas, esto o aquello. No, lo importante nos lo da Dios por su Espíritu Santo: vivir los misterios que nos dieron nueva vida. Habrá que preparar lo mejor posible todo lo que posibilite esa gracia fundamental, pero hemos de vivirlo como regalo que se nos hace para disfrutar, ahondar, renovarse y gozar en el Señor. Nos conviene, pues, vivir el Domingo de Ramos como pórtico de toda la Semana Santa, sobre todo de la Pascua del Viernes, Sábado y Domingo, y aclamar al Señor de corazón en la procesión que precede a la Misa, en la escucha de la Pasión dentro de la celebración de la Eucaristía y también en la prolongación de ese triunfo de Cristo, que es la procesión con la imagen de Cristo entrando en Jerusalén. La cultura consumista y del espectáculo puede convertir nuestra Semana Santa en un producto muy atrayente en su envoltura y no contener nada cristiano dentro de ese envoltorio, pues sólo pone de relieve una tradición que es más bien el resultado de considerar la fe católica a la luz de la sociología cultural religiosa. Algo muy alejado de lo que la Iglesia ofrece. En segundo lugar, todos hemos de tomar parte en esta fiesta ritual de la Pascua en sentido evangélico, y no literal; hemos de hacerlo bien: tomemos como nuestra capital, no la Jerusalén terrena, sino la ciudad celeste; no aquella que ahora sufre la guerra y la división, sino la que resuena con las alabanzas de los ángeles. Así, el Jueves Santo no comemos sin más la Pascua judía, sino que damos inicio a la salvación del Mesías de Israel sentados a la Mesa de la Última Cena, comiendo el Pan de vida y la sangre de la nueva alianza que es el Sacramento del Amor, al que adoramos en nuestros tabernáculos en reserva eucarística, que llamamos monumentos. El Viernes Santo no sacrificamos ya jóvenes terneros no carneros desprovistos de inteligencia, sino que ofrecemos al Padre un sacrificio de alabanza sobre el altar del cielo; ofrecemos la vida entregada por amor a nosotros de Cristo Salvador. Es más, en buena lógica, pedimos perdón por todos los pecados del mundo y nos inmolamos nosotros mismos unidos al sacrificio de Cristo que se ofrece al Padre. Ofrecemos nuestro ser con todas nuestras acciones. Estemos, por ello, dispuestos a todo por causa del Verbo; imitemos su pasión con nuestros padecimientos, honremos su sangre con nuestra sangre, subamos decididos a la cruz. ¿Cómo participaremos, si no, en el triunfo luminoso de Cristo en la Noche Pascual y en el día que hizo el Señor, Domingo de Pascua? En tercer lugar, toda esta Semana Santa, sobre todo el Triduo Pascual, hemos de vivirlo personalmente, no como número de una masa, grupo o Cofradía, vecinos o familias. No. El Señor nos invita personalmente y personalmente hemos de responderle. Si crees que puedes ser Simón Cireneo, coge tu cruz y ayuda a Cristo. Si consideras que estás crucificado con él como un ladrón, por tus pecados, como el buen ladrón confía en tu Dios y compra con la muerte tu salvación: entrarás en el paraíso y descubrirás antes de qué bienes te habías privado. Si piensas que puedes hacer lo que José de Arimatea, reclama el cuerpo del Señor a quien lo crucificó, y haz tuya la expiación del mundo. Si como Nicodemo te cuesta mostrar abiertamente que adoras a Dios, ven a enterrar el cuerpo, y úngelo con ungüentos. Puede que te sientas identificado con las tres Marías, y lloras como ellas al amanecer y tal vez seas el primero en ver la piedra quitada, señal de que Cristo ha resucitado en ti, y verás también, ¿por qué no?, a los ángeles o al mismo Jesucristo. +Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo de Toledo. Primado de España

    Ampliar
  • Domingo de Lázaro

    29 Marzo 2017

    Escrito semanal del Sr. Arzobispo de Toledo, D. Braulio Rodríguez Plaza

    El calendario hispano-mozárabe se refiere al domingo V de Cuaresma de este modo: “Misa de Lázaro”. Sin duda, la razón está en la lectura del evangelio de ese domingo que narra la resurrección de este amigo del Señor, hermano de Marta y de María. También en el rito romano, en el ciclo llamado A que leemos este año, la larga lectura de Jn 11,1-45 describe esta resurrección del que llevaba “ya cuatro días enterrado”. Aquí hay un dato que no es casual: en el domingo V de Cuaresma estamos justamente a 15 días de la Vigilia Pascual y del domingo de Pascua. Con otras palabras: ese es el día bautismal por excelencia, y el Bautismo es “como una resurrección de entre los muertos”. Para los ya bautizados, pero sobre todo para los que en esa noche santa de la Vigilia o en el domingo de Resurrección reciben los sacramentos de la Iniciación Cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía), esta narración de Lázaro resucitando y resucitado por Jesús es como sentir un asombro ante la vida que Cristo nos dio y nos da. ¡Qué lejos de lo que normalmente sentimos cuando pensamos en nuestro propio bautismo al renovarlo en la noche pascual! El panorama que se abre a aquellos que son alcanzados por Cristo en el Bautismo es asombroso, pues su vida resucitada nos llena de una alegría sin par, de sentirse liberados y en medio de la luz de la fe. Si pensamos lo que es la vida plena y lo que es la muerte y la diferencia entre una y otra, podemos vislumbrar lo que por el Bautismo hace en nosotros el Resucitado. Nos ayudaremos con los textos bíblicos de este “domingo de Lázaro”. La lectura de la profecía de Ezequiel es el final de un precioso capítulo llamado “visión del valle de los huesos”. Son éstos huesos humanos completamente secos, en los que la palabra del Señor infunde espíritu vivificador, que hace crecer en ellos la carne, los tendones y la piel; los huesos, así, se unen para formar un ser inerte, pero que, al soplo divino, viven de nuevo. “Estos huesos son la entera casa de Israel”. Ahora entendemos las palabras de la primera lectura: “Yo mismo abriré vuestros sepulcros… Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis”. Pero san Pablo dice más en la segunda lectura de este domingo (Rom 8,8-11): “Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales”. Cuando Jesús enseña a sus discípulos aparece con nitidez una insistencia que sorprende: Él ha venido para darnos vida, y vida abundante, no cualquier vida. Quiere que nosotros vibremos ante la nueva vida que nos trae, que la muerte física no puede apagar, porque el que cree en Él, aunque nuera, vivirá. Por eso, cuando más tarde san Pablo escriba a los cristianos de Roma, les dirá que la reconciliación de los hombres que trae el perdón y la justificación del resucitado es “como una resurrección de entre los muertos” (Rom 11,15). Ese es el ser de los cristianos, resucitados que han recibido la vida nueva de Cristo en su iniciación cristiana por los tres sacramentos pascuales del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Los catecúmenos, que preparan ya esa celebración única de la Vigilia Pascual pocos días antes de su bautismo, al escuchar el relato de la resurrección de Lázaro tienen la oportunidad, pues, de vivir anticipadamente las grandes cosas que hace y hará el Señor en su vida en pocos días. ¿Y nosotros, los que ya hace tanto o tan poco tiempo que hemos sido bautizados con la fuerza del Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos y nos podemos sentar cada domingo a la mesa de la Eucaristía? ¿Por qué no preparar con más intensidad nuestra renovación pascual con la confesión de nuestros pecados, la lectura asidua de la Escritura y la oración intensa? ¿Para cuándo vivir la preparación a la Pascua? Quiero traer aquí unas palabras bellísimas de san Efrén (siglo IV): “Cuando preguntó : ¿Dónde lo habéis puesto?, los ojos de nuestro Señor se llenaron de lágrimas. Sus lágrimas fueron como la lluvia, y Lázaro es como el grano, y el sepulcro como la tierra. Gritó con voz potente, la muerte tembló a su voz, Lázaro brotó como el grano, salió y adoró al Señor que le había resucitado. La fuerza de la muerte que había triunfado después de cuatro días es pisoteada para que la muerte supiera que al Señor le era fácil vencerla al tercer día; su promesa es verídica: había prometido que Él mismo resucitaría al tercer día” (Comentario al Diatessaron, 17,7-10). +Braulio, Arzobispo de Toledo. Primado de España

    Ampliar
  • Por muchos y por todos

    23 Marzo 2017

    Escrito semanal del Sr. Arzobispo de Toledo, D. Braulio Rodríguez Plaza

    En la traducción al español de las palabras de la consagración del cáliz se ha sustituido, en la edición del nuevo Misal Romano, la expresión “por todos los hombres” con “por muchos”. Sin duda se han podido dar distintas reacciones. Es saludable, pues las palabras de la consagración del cáliz están hondamente marcadas en el corazón de los creyentes. Lo triste es que hubiera habido sólo indiferencia. ¿Es legítimo semejante cambio? ¿No nos estarán cambiando los obispos la fe? ¿Querrá decir ese cambio que se reduce el alcance de la salvación traída por Jesucristo? Al decir “por muchos” y no “por todos los hombres”, ¿acaso es que hay algunos a quienes esta salvación de Jesús no les es accesible y no pueden llegar a ella o participar de ella? Cuestión interesante. El cambio no pretende excluir, sin embargo, a nadie de la redención llevada a cabo por Cristo. Iría esta exclusión contra lo revelado por nuestro Dios, “que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tim2, 4). Es, pues, desacertado entender este cambio en nuestra liturgia eucarística como si en lugar de “por muchos” se dijera “por pocos”. No: la entrega de Jesucristo en su muerte es por todos los hombres. Así que la traducción de las dos anteriores ediciones del Misal Romano, “por todos los hombres”, estaba ofreciendo una comprensión certera de lo que ahora se dice en esos “muchos” (en latín, “pro multis”). ¿Por qué, pues, hemos cambiado? Sencillamente por fidelidad a la palabra de Jesús. ¡Ah! Eso son palabras mayores. Él, en efecto, no dijo “por todos” sino “por muchos”. Así lo vemos en el texto griego de Mt 26,28 y Mc 14,24. Tanto este idioma, en el que los Evangelio nos han transmitido sus palabras, como el arameo (la lengua materna de Jesús) distingue entre ambos conceptos “por todos” y “por muchos”, aunque vengan a significar lo mismo. Así que hemos de aceptar lo que Jesús realmente dijo. Por ello, la traducción más fiel es la que respeta esa decisión de Jesús. Así lo quiso, además, el Papa Benedicto XVI, al indicarnos que la fórmula latina “Pro vobis et pro multis” había que traducirla “por vosotros y por muchos”. Podemos entender ahora mejor que la nueva traducción se acerca más al momento decisivo de la vida del Señor, pues esos “muchos” por los que derrama su sangre nos evocan a aquellos “muchos” que el Siervo del Señor justificó mediante la entrega de su vida. Fíjense en estos textos de Isaías: “Mi siervo justificará a muchos porque cargó con los crímenes de ellos” (Is 53,11); “Él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores” (Is 53,12). La entrega eucarística de Cristo realiza así la misión del Siervo, esa figura enigmática del AT, como nos deja ver las mismas palabras de Jesús: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10,45). De modo que la traducción de la nueva edición del Misal “por muchos” alude sin duda a la figura bíblica del Siervo, que de otro modo pasaría inadvertida: Jesús es el verdadero Siervo de Dios. La traducción “por muchos”, que apunta a la apertura universal de la salvación obrada por Jesucristo, sin embargo expresa también la trágica posibilidad de que todos no todos los hombres se beneficien efectivamente de ese gran don. La nueva traducción castellana nos previene, pues, de creer ingenuamente que por las palabras que el Señor pronunció en la última Cena, que muestran la ofrenda de amor de Jesucristo, estuviésemos ya definitivamente salvados. Desgraciadamente es posible, en un mal uso de nuestra libertad, que no queramos acoger el regalo de la salvación y de la gracia, excluyéndonos así de esos “muchos” a los que Jesús desea justificar. ¿No esto un estímulo saludable abrirnos al don de la salvación que Él nos trae? De este modo, cuando se ponen de relieve las razones del cambio de “por todos los hombres” por la nueva traducción “por muchos”, caemos en la cuenta que el cambio en las palabras de la consagración del cáliz no obedece a motivos estrictamente doctrinales, pues la sangre de Cristo se derrama efectivamente por todos los hombres. Lo que se subraya es que la nueva traducción facilita deshacer el equívoco de que la salvación es algo casi “automático”, que apena dependiera de la libre cooperación del hombre. Pero sobre todo que “por muchos” son las palabras que dijo el Señor. +Braulio, Arzobispo de Toledo. Primado de España

    Ampliar

Redifusión para América y Asia

Redifusión de los programas de producción propia a partir de las 19:00h, (en horario de Miami) y de las 8:00 h. (en horario de Tokio) una de la madrugada en España.





Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies