Actualidad

  • ¿Que arriesgamos nosotros?

    28 septiembre 2017

    Escrito semanal del Sr. Arzobispo, D. Braulio Rodríguez Plaza

    Muchas veces hemos considerado nosotros la valentía de aquellos cristianos que arriesgan su vida por confesar que son discípulos de Cristo y no dejarán su fe y su amor al Señor. ¿Qué arriesgamos nosotros? Hay que afirmar claramente que es injusto que uno sea perseguido por vivir su fe y practicar su religión; es verdad, pero también lo es que, corrientemente, la mayoría de nosotros arriesguemos poco por nuestra fe. Nos parecemos mucho a tantos cristianos que poco hacen más allá de alguna oración en necesidad, alguna Misa si se tercia y apetece, y algún sacramento, porque “es costumbre” o por no complicarse la vida por aquello del qué dirán. Yo noto, por ejemplo, que a los ministros de Cristo normalmente se nos permite predicar con toda libertad por el resto del Pueblo de Dios mientras nos limitemos a afirmar verdades generales. También nosotros, los que predicamos, tenemos pecados, sin duda. Pero en el momento en que los oyentes se sienten implicados en lo que decimos, por ejemplo, en la homilía dominical, en cuanto ven que hay que ponerlo en práctica, entonces se paran en seco, se cierran en sí mismo por precaución, e inician una especie de retirada, o dicen que no ven esto o no admiten aquello que decimos. Sucede igual cuando se muestran las exigencias morales y virtuosas de la vida cristiana: se buscan excusas y dicen que llevamos las cosas demasiado lejos, que somos extravagantes, que tenemos que condicionar o modificar lo que afirmamos, que no tenemos en cuenta los tiempos en que vivimos, y otras observaciones por el estilo. Entiendo que las cosas difíciles, que exigen esfuerzo arduo, nos invitan al rechazo, pero también es cierto el dicho: “donde hay voluntad hay camino”, porque no existe verdad, por arrolladoramente clara que sea, de la que los hombres no puedan escapar cerrando los ojos. No hay deber, por urgente que sea, contra el que no puedan hallarse diez mil buenas excusas. Dicen que llevamos las cosas “demasiado lejos” justamente cuando se las ponemos cerca. Yo pienso que el tema es otro: no somos los predicadores o quienes estamos al frente de las comunidades cristianas los que exigimos sin más. Es quien nos envía, aunque tengamos siempre la prudencia de decir bien las cosas y con propiedad. ¿Quién no admite que la fe consiste en aceptar riesgos sin ver en ocasiones el futuro cercano, fiados solo en la palabra de Cristo? Ser bautizado es arriesgar algo por la verdad cristiana. Piénsenlo un momento. Que cada uno de los que leen esta página se pregunte a sí mismo qué ha comprometido en la verdad de las promesas de Cristo. Sabemos bien lo que supone tener algo en juego en empresas de este mundo. Arriesgamos nuestra propiedad en proyectos que prometen una ganancia, proyectos que nos inspiran confianza y seguridad. En este caso, la pregunta es: ¿Qué hemos arriesgado por Cristo? ¿Qué hemos dado por creer en sus promesas y gozar de su gracia, amistad y amor? ¿Quién puede garantizarnos resucitar para la vida eterna? ¿Quién nos salvará definitivamente, para siempre? Un comerciante que ha invertido bienes en su negocio que fracasó no sólo pierde la perspectiva de una ganancia, sino también algo de lo suyo que arriesgó con la esperanza de un lucro. ¿Mereció la pena? No es así en el negocio de ser cristiano: siempre hay esperanza de triunfo con Cristo. Pero, seguimos preguntando: ¿qué hemos arriesgado nosotros? En los comienzos del curso pastoral hay que recordarnos unos a otros esta cuestión. Este es el punto central. Braulio Rodríguez Plaza Arzobispo de Toledo y Primado de España

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  • Crecía en sabiduría y gracia (Lc 2,52)

    21 septiembre 2017

    Escrito semanal del Sr. Arzobispo, D. Braulio Rodríguez Plaza

    Al final del delicioso evangelio de la infancia del Señor (Lc 1-2), el evangelista, tras el regreso de toda la familia a Nazaret, afirma que “Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia, delante de Dios y de los hombres” (Lc 2,52). ¡Qué asombro que el Hijo de Dios, por ser igualmente Hijo de María, vaya creciendo como cualquiera de nosotros, no solo en estatura y en gracia: también en sabiduría! Es entrar en esa hermosa realidad de tener que esforzarse poniéndose a trabajar para saber, para conocer más a fondo, para adentrarse en la realidad que nos rodea; también significa formar parte de un grupo que se educa juntos, y se ayudan entre ellos, dejándose ayudar a la vez. En educación se trata, en definitiva, de hacer emerger lo que ya se encuentra en el corazón del que se va educando. Algo distinto del mero enseñar, que es “poner dentro” algo que se enseña. Es educar, formar, que solo es posible con el ser humano, más allá de la tutela biológica que tienen los animales cuando son simplemente criados. Este es el horizonte en que deseamos se muevan nuestras comunidades cristianas en el nuevo curso pastoral, que el sábado 23 comenzó a andar. Os animo a trabajar, hermanos, en este nuevo curso y a preparar nuestro espíritu en la tarea de educar, educar en la fe, enseñar las virtudes humanas y cristianas, formando a personas concretas que son niños, adolescentes, jóvenes y adultos para que sean discípulos que siguen a nuestro Señor Jesucristo. Ya sé que se necesita ambiente, ayuda mutua, animarse los unos a los otros, volver a encontrarse en la comunidad cristiana, considerar la situación, emprender acciones, reflexionar, y disponerse a la tarea, con sus dificultades y posibilidades. El curso pastoral 2017-2018 tiene todo tipo de incentivos, de proyectos, de acciones como para que cada uno de nosotros personalmente y formando parte de una familia, una parroquia, una escuela, un grupo cristiano, una iniciativa tuya o de otros sintamos el acompañamiento de personas responsables que se preocupan de nosotros durante un periodo de crecimiento intelectual y moral, de fe y de amor a Dios y al prójimo. O que nosotros mismos sintamos que podemos ser esas personas responsables en la familia, en la parroquia, en la escuela, que nos ofrecemos a proteger y a acompañar a otros en su educación. Mucha tarea nos espera, pero apasionante, porque no se educa en sabiduría, en la afectividad, en la caridad y demás virtudes con “cuatro cosillas”. Necesitamos la gracia de Dios en forma de ayuda mutua, para dejar a un lado inercias, quejas o simplemente dejar pasar el tiempo sin hacer nada. Para educar en tantos campos en que hay que actuar con otros como si de una gran familia se tratara, evitando roces, prejuicios o peleas “domésticas”. El 6º Programa anual del Plan Pastoral Diocesano está ahí a nuestra consideración y disposición. Hay acciones y actividades concretas para cuantos “más se quisieran afectar”, en palabras de san Ignacio de Loyola. Todos somos destinatarios de esas tareas. ¿No habrá acción o actividad que no necesites emprender tú, o tu familia, o tu parroquia, o tu grupo? Como en otros años, también en este curso pastoral el Consejo Diocesano de Pastoral y la Secretaría del Plan Pastoral que escribiera una carta a los católicos toledanos, para animar a llevar a cabo ese 6º Programa anual, y así iluminar algunas de las finalidades de este curso. La carta está hecha. Se llama: Educar: arte y aventura”. Está a vuestra disposición, por si os ayudara a fortalecer vuestra responsabilidad eclesial y vuestro testimonio cristiano. Cada uno de nosotros, como miembros de la Iglesia, tiene sus propias funciones en el Cuerpo de Cristo. Aparte de mis responsabilidades en llevar adelante este 6º Programa, como Obispo esta carta está pensada en todo menos en hacer un ejercicio de escribir simplemente sobre un tema que no interese mucho, del cual salir del paso. Hay algo más en la carta: el amor y la preocupación por los fieles en un asunto de gran trascendencia, educar, formar. Para ello es imprescindible la libertad que nos ha dado Cristo. Que Santa María y San José que en familia vieron crecer a Jesús intercedan por nosotros. Lo necesitamos y lo necesitaremos. +Braulio, Arzobispo de Toledo. Primado de España.

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  • Acaba un curso pastoral

    28 junio 2017

    Escrito semanal del Sr. Arzobispo, D. Braulio Rodríguez Plaza

    Me asombro de cuanto en este curso hemos emprendido en tantos campos de la vida de la Iglesia de Toledo. No quiero decir que hayamos hecho todas las cosas bien. Ese juicio hay que dejarlo a Dios y, tal vez, a aquellos que no se sienten Iglesia del Señor o no comparten nuestra fe. Sin duda que puede haber fieles cristianos, laicos, religiosos o consagrados y sacerdotes, que no estén de acuerdo con muchas cosas en este curso o tal vez el modo de hacerlo. Pero eso es otra cosa: estamos ante la libertad de los hijos de Dios, pero en los miembros del Pueblo de Dios la discrepancia no debe ser crítica sola, pues el que critica lo hace también de su propia persona, ya que él está igualmente implicado, al formar parte de ese mismo Pueblo. Hemos intentado penetrar en un conocimiento más vital y eclesial de la Revelación de Dios que la Tradición cristiana nos muestra en la Sagrada Escritura, aceptándolo como un texto vivo en el que habla siempre el Verbo eterno de Dios, Palabra suya encarnada: el Resucitado que sigue con los suyos y que Él mismo nos indica en Jn 5,39: “Escudriñad las Escrituras…, pues ellas están dando testimonio de mí”. Niños, adolescentes, jóvenes y adultos pueden escuchar la voz del Señor por la oración, la lectura meditativa de la Palabra de Dios, o mediante programas de conocimiento de los libros bíblicos del Antigua y del Nuevo Testamento, grupos bíblicos o “lectio divina” para todos los miembros del Pueblo de Dios. A la Escritura dedicamos las Jornadas de Pastoral de enero 2017, que suponen un ejercicio de comunión diocesana, de aprendizaje teórico y práctica por tantas cosas, y por el testimonio de experiencias de grupos y parroquias en acciones concretas. ¡Tantas acciones emprendidas en la Iglesia diocesana, en parroquias, en grupos, para niños, para adolescentes y jóvenes, para familias, para mayores, para enfermos, para los que sufren más o para los que están sin aliciente en la vida! Ahí están los Temas de reflexión sobre la Escritura, o el Curso de profundización sobre el mismo tema; ahí están los grupos bíblicos comenzados o reafirmados, o los fieles laicos que, con una preparación, se han ofrecido a parroquias y grupos para hablar como hermanos a otros hermanos en la fe sobre la Revelación de Dios en la Escritura Santa. También se emprendió la confección del Taller de Nazaret, hermosa y necesaria tarea de padres que educan y transmiten la fe a sus hijos, o el Bebet-Ab, la aventura de la Biblia, experiencia de oración para vivir en familia. Sería largo enumerar otras muchas iniciativas puestas en marcha que responden a la invitación de Jesucristo a explorar las Escrituras, que hablan de Él y nos traen vida y renovación del corazón. Y no hay que olvidar tantas tareas en nuestras comunidades cristianas en las tres grandes acciones de la Iglesia, que constituyen el entramado de la vida de la Iglesia Diocesana. Dios conoce lo que tú has hecho y cuanto te has implicado en el curso 2016-2017, según tus posibilidades. Es muy importante que cada vez más católicos vivan su fe eclesial, sintiendo el aliento de la Santa Iglesia, su acompañamiento cercano, su realidad tangible. Quien no se siente miembro del Cuerpo de Cristo no experimentará la alegría de la compañía de los demás y pensará que está solo en el mundo, sin encontrar aliento de los hermanos a la hora de emprender cada día la marcha y la lucha de la vida. Y la sociedad que nos rodea seguirá pensando que la Iglesia en un grupo de clérigos que dan la lata por tantas cuestiones sin importante, que mejor que esté calladita y no moleste. Nosotros, sin embargo, seguimos trabajando, y ya estamos preparando el 6º Programa Anual del Plan Pastoral Diocesano 2012-2021. Rezad para que todos estemos a la altura de la vocación a la que nos ha llamado Cristo en su Iglesia, para disipar rutinas o caer en hacer “lo de toda la vida”, para ser más generosos en todos los aspectos. Cristo nos necesita para acercarnos, siendo nosotros pobres, a los más pobres y crear esperanzas con nuestras personas, que deseamos salir a buscar, acompañar y escuchar a los que sufren. Pedimos a nuestras Señora, la Madre del Salvador, que nos cubra con su manto, porque sabemos bien que “tenemos una Madre”, aquella que dijo con toda su alma: “Hágase en mí según tu Palabras”. +Braulio, Arzobispo de Toledo. Primado de España

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