• Homilía del Sr. Arzobispo de Toledo, D. Braulio Rodríguez Plaza:

    En la fiesta de la Virgen del Sagrario desde la Catedral Primada

    Concelebran el S. Obispo Auxiliar, el Obispo emérito de Segovia, el Calbido Primado y varios sacerdotes.

  • Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo:

    Octavo día del Octavario en honor a la Virgen del Sagrario, Patrona de Toledo

    Preside, D. Ángel Fernández Collado, Obispo Auxiliar de Toledo

  • ¡Oh clementísima, Oh piadosa, Oh dulce Virgen María!:

    Séptimo día del octavario en honor a la Virgen del Sagrario, Patrona de Toledo.

    Preside, D. Jesús Martín Gómez, Consiliario de la Esclavitud de Nuestra Señora del Sagrario.

Últimas noticias RTVD
  • Acaba un curso pastoral

    28 Junio 2017

    Escrito semanal del Sr. Arzobispo, D. Braulio Rodríguez Plaza

    Me asombro de cuanto en este curso hemos emprendido en tantos campos de la vida de la Iglesia de Toledo. No quiero decir que hayamos hecho todas las cosas bien. Ese juicio hay que dejarlo a Dios y, tal vez, a aquellos que no se sienten Iglesia del Señor o no comparten nuestra fe. Sin duda que puede haber fieles cristianos, laicos, religiosos o consagrados y sacerdotes, que no estén de acuerdo con muchas cosas en este curso o tal vez el modo de hacerlo. Pero eso es otra cosa: estamos ante la libertad de los hijos de Dios, pero en los miembros del Pueblo de Dios la discrepancia no debe ser crítica sola, pues el que critica lo hace también de su propia persona, ya que él está igualmente implicado, al formar parte de ese mismo Pueblo. Hemos intentado penetrar en un conocimiento más vital y eclesial de la Revelación de Dios que la Tradición cristiana nos muestra en la Sagrada Escritura, aceptándolo como un texto vivo en el que habla siempre el Verbo eterno de Dios, Palabra suya encarnada: el Resucitado que sigue con los suyos y que Él mismo nos indica en Jn 5,39: “Escudriñad las Escrituras…, pues ellas están dando testimonio de mí”. Niños, adolescentes, jóvenes y adultos pueden escuchar la voz del Señor por la oración, la lectura meditativa de la Palabra de Dios, o mediante programas de conocimiento de los libros bíblicos del Antigua y del Nuevo Testamento, grupos bíblicos o “lectio divina” para todos los miembros del Pueblo de Dios. A la Escritura dedicamos las Jornadas de Pastoral de enero 2017, que suponen un ejercicio de comunión diocesana, de aprendizaje teórico y práctica por tantas cosas, y por el testimonio de experiencias de grupos y parroquias en acciones concretas. ¡Tantas acciones emprendidas en la Iglesia diocesana, en parroquias, en grupos, para niños, para adolescentes y jóvenes, para familias, para mayores, para enfermos, para los que sufren más o para los que están sin aliciente en la vida! Ahí están los Temas de reflexión sobre la Escritura, o el Curso de profundización sobre el mismo tema; ahí están los grupos bíblicos comenzados o reafirmados, o los fieles laicos que, con una preparación, se han ofrecido a parroquias y grupos para hablar como hermanos a otros hermanos en la fe sobre la Revelación de Dios en la Escritura Santa. También se emprendió la confección del Taller de Nazaret, hermosa y necesaria tarea de padres que educan y transmiten la fe a sus hijos, o el Bebet-Ab, la aventura de la Biblia, experiencia de oración para vivir en familia. Sería largo enumerar otras muchas iniciativas puestas en marcha que responden a la invitación de Jesucristo a explorar las Escrituras, que hablan de Él y nos traen vida y renovación del corazón. Y no hay que olvidar tantas tareas en nuestras comunidades cristianas en las tres grandes acciones de la Iglesia, que constituyen el entramado de la vida de la Iglesia Diocesana. Dios conoce lo que tú has hecho y cuanto te has implicado en el curso 2016-2017, según tus posibilidades. Es muy importante que cada vez más católicos vivan su fe eclesial, sintiendo el aliento de la Santa Iglesia, su acompañamiento cercano, su realidad tangible. Quien no se siente miembro del Cuerpo de Cristo no experimentará la alegría de la compañía de los demás y pensará que está solo en el mundo, sin encontrar aliento de los hermanos a la hora de emprender cada día la marcha y la lucha de la vida. Y la sociedad que nos rodea seguirá pensando que la Iglesia en un grupo de clérigos que dan la lata por tantas cuestiones sin importante, que mejor que esté calladita y no moleste. Nosotros, sin embargo, seguimos trabajando, y ya estamos preparando el 6º Programa Anual del Plan Pastoral Diocesano 2012-2021. Rezad para que todos estemos a la altura de la vocación a la que nos ha llamado Cristo en su Iglesia, para disipar rutinas o caer en hacer “lo de toda la vida”, para ser más generosos en todos los aspectos. Cristo nos necesita para acercarnos, siendo nosotros pobres, a los más pobres y crear esperanzas con nuestras personas, que deseamos salir a buscar, acompañar y escuchar a los que sufren. Pedimos a nuestras Señora, la Madre del Salvador, que nos cubra con su manto, porque sabemos bien que “tenemos una Madre”, aquella que dijo con toda su alma: “Hágase en mí según tu Palabras”. +Braulio, Arzobispo de Toledo. Primado de España

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  • Reflexiones

    21 Junio 2017

    Escrito semanal del Sr. Arzobispo, D. Braulio Rodríguez Plaza

    Es bueno reflexionar sobre lo que sucede a nuestro alrededor; nos detenemos ante los acontecimientos y sus peculiaridades de nuestra sociedad española. Nos afecta como miembros de esta sociedad que profesamos la fe católica. La comunidad cristiana está en esta historia contemporánea, está en el “mundo”. Tal vez muchos se sientan perplejos ante lo que sucede cada día, delante de nosotros. Lo primero que salta a la vista es que en España se va instalando poco a poco el odio y la violencia, pasiones que poco contribuyen a resolver cuantos problemas nos afectan, porque es, en el fondo, un desprecio por construir el bien común a partir de las virtudes humanas. Al contrario, se quiere hacer frente a los conflictos humanos, a los conflictos sociales, creando malestar y buscando soluciones que no son tales. Son soluciones engañosas, pues enfrentan a la gente unos con otros. ¿Se buscan realmente las soluciones o se busca otra cosa, que no se dice? Nunca será buen camino enfrentar a las personas con odio o con posiciones radicales ante los grandes asuntos de estado de derecho: la identidad del ser humano, hombre y mujer; el tratamiento de la educación sexual humana; el concepto de lo público en los ámbitos de la sanidad, la enseñanza y educación de los españoles. Diferencias es lógico que existan, pero no acabar con todo tipo de disensión en estos campos del actuar humano para caminar hacia un pensamiento único: “Lo mío es lo bueno y lo nuevo; lo tuyo no vale y debe desaparecer, es antiguo”. Cuando se ahonda en estos juicios que quieren crear opinión, cae uno en la cuenta que muchas veces lo que se dice nuevo y actual es viejísimo y rancio, ya experimentado en España y, en tantas ocasiones, desastroso para la sociedad. No es bueno aceptar contraposiciones que llegan al simplismo y a enfrentar realidades que son siempre complejas. No juguemos a buenos y malos, que tantas veces crean juicios injustos sobre personas e instituciones. Pasado el día del Corpus, día de Caridad, me gustaría alentar a los católicos toledanos sobre lo que, a mi modo de ver, puede ser un obstáculo para la vivencia de nuestra fe. Nos dicen de muchos modos que de la Iglesia lo único aceptable es su acción social y caritativa. Y es de apreciar, pues esta acción caritativa y social constituye una de las tres grandes acciones de la Iglesia, y además la que nos asemeja más, si la hacemos bien, a Jesucristo nuestro Maestro y Señor. Pero, la cuestión es si las otras dos grandes acciones de la Iglesia, el anuncio del Reino de Dios, del Evangelio y la Liturgia de la Iglesia no sirven para el mundo de hoy, y hemos de abstenernos de hacerlas en público. Vamos que casi a escondidas, sin que se note mucho. Gran peligro, porque en esta actitud hay falsedad y engaño. Hablar y predicar la vida eterna que nos ofrece el Reino de Dios cumplido en Cristo es vital para este mundo, es benéfico. Evangelizar constituye nuestro primer deber. Separar esta realidad de la acción caritativa y social es un verdadero desastre, una traición, porque ya están saliendo sociedades, instituciones que organizan todo un programa de acción social porque piensan que son más afectivas que la acción caritativa y social de la Iglesia. Piensan además que así el protagonismo de esta Iglesia en la sociedad desaparecerá cuando se cubran todas las necesidades. Ese protagonismo, hay que decirlo alto, no nos interesa a quienes somos la Iglesia. Pero ese protagonismo está ahí, porque el mandamiento nuevo de Jesús no se olvida. Sin embargo, tal vez piensen: “¿Por qué tenemos que aguantar que la Iglesia ayude a los más pobres, cuando es la justicia y la acción del Estado, de lo público, que tienen que solucionar estos problemas?” No os creáis esa falacia. No es verdad. Es más, ojalá fuera verdad que se alcanzara esa solución, pero estamos seguros de que no es esto lo que interesa a quien hace esta afirmación. Además, no les preocupa el ser humano, buscan otra cosa. No lo duden. Braulio Rodríguez Plaza Arzobispo de Toledo y primado de España

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  • Santa Misa en Rito Hispanomozárabe

    15 Junio 2017

    Homilía del Sr. Arzobispo de Toledo, D. Braulio Rodriguez Plaza

    Leo con frecuencia opiniones sobre la solemnidad del Corpus Christi. Se opina de muchas cosas sobre la aparición de esta fiesta; más sobre la Procesión, en ocasiones sin aludir a la celebración de la Eucaristía, ni cuál es su peculiaridad. Existe, pues, el peligro de fijar la atención en aspectos respetables, pero no los más importantes: que si la procesión tiene las características de un desfile cívico-religioso, que si la “Tarasca” y otros simbolismos, que si pecados y demonios, que si ornamentación de las calles, que si altares o no. Sin duda: la procesión litúrgica del Corpus, tras la celebración de esta Misa no es espectáculo; es la presencia de Jesucristo, que se prolonga por las calles y plazas, que recibe con alegría el Pueblo cristiano. No es algo inmaterial, que cambie. Es real. ¿Y qué sucede con quienes contemplan a Cristo en la Custodia de Arfe y no tienen fe o la tienen con muchas dudas y poca comprensión de este misterio? Bienvenidos sean y les pedimos respeto y un corazón abierto a la belleza, que siempre es nueva. La Eucaristía es siempre una conmemoración de un sacrificio, el de Cristo, Víctima y Altar, y, por ello, es también fiesta y banquete, al que Jesús nos sienta, si aceptamos su invitación. La celebración de la Eucaristía no ha cambiado desde que, tras la Ascensión del Señor a la derecha del Padre, la Iglesia la celebra, sobre todo el domingo, día del Señor. Pueden cambiar los modos de celebrarla, los ritos, las lenguas de la celebración, los cánticos y la música. Tenemos una tradición, que procede del Señor y se nos ha trasmitido. En la noche que Jesús iba a ser entregado, tomó pan y pronunciando la Acción de Gracias, dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía. Lo mismo hizo con el cáliz y recalcó: Haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía”. Aquí hay un realismo. No estamos ante un lenguaje de sociología cultural: “Cada vez que coméis de este pan proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva”. Algo le ha pasado a ese pan y ese cáliz con el vino, que se puede recibir dignamente, pero también indignamente, de modo que, sin saber qué se come o bebe, se come y se bebe la condenación. En el Evangelio proclamado, Jesús habla de vida, de comida y bebida que da vida, no a la manera del maná, que comieron los padres, sino que da vida para siempre. ¿Estas obleas y este vino, aunque sean de tan buena calidad, dan la vida? No, es que ese pan y ese vino es la Presencia de Cristo, el mismo Cristo, que se llama verdadera comida y verdadera bebida. ¡Qué Presencia, pues, tan atrayente y grandiosa, la de Cristo! “En la antigua alianza había los panes de la proposición; pero, como eran algo exclusivo del AT, ya no existen. Pero en el Nuevo Testamento hay un pan celestial y una bebida de salvación, que santifican el alma y el cuerpo (…). Por lo cual, el pan y el vino eucarístico no han de ser considerados como nuevos y comunes alimentos materiales (o simbólicos), ya que son el Cuerpo y la Sangre de Cristo, como afirma el Señor; pues, aunque los sentidos nos sugieren lo primero, hemos de aceptar con firme convencimiento lo que nos enseña la fe” (san Cirilo de Jerusalén, Catequesis 22, Mistagógica, 1.3-6). Pero este alimento y esta bebida son “peligrosos”, precisamente por la Presencia de Cristo en ellos. Cuando tomamos este pan y este vino no sucede como cuando nuestro organismo toma alimento: nuestro cuerpo lo asimila y forma parte de nosotros. Con este pan y este vino, tomado en alimento, nosotros, cada uno, es asimilado a Cristo Resucitado. Y esta operación puede ser buena o mala para nosotros. “Muero por todos – viene a decir el Señor– para que todos tengan vida en mí, y con mi carne he redimido la carne de todos”. Esta asimilación nuestra a Cristo tiene, pues, buenísimas consecuencias. Y hay indicadores para ver cómo se da esa asimilación a Cristo. El primer indicio es nuestro modo de mirar y considerar a los demás. En la Eucaristía Cristo vive siempre de nuevo el don de sí realizado en la Cruz, de entrega de sí por amor. A Él le gustaba estar con los discípulos. Lo cual significaba para él compartir sus deseos, sus problemas, lo que agitaba su alma y su vida. En esta Eucaristía, por ejemplo, nosotros nos encontramos con hombres y mujeres de muchas procedencias: jóvenes, ancianos, niños; pobres y acomodados; toledanos y de muchos lugares; con gente de su familia o solos. La Eucaristía, pues, que celebro, me lleva espontáneamente a sentirles a todos como hermanos. ¿Y me impulsa a ir hacia los pobres, los enfermos, los que necesitan algo vital? ¿Me hace crecer en capacidad de alegrarme con quien se alegra y de llorar con quien llora? ¿Me ayuda a reconocer en ellos el rostro de Jesús? ¿Amamos, como quiere Cristo, a aquellos más necesitados por una enfermedad, por un problema, como la falta de trabajo o de orientación? ¿Condeno el aborto, pero nada hago para acercarme a quien sufre este drama? Otro indicio es la gracia de sentirse perdonado y dispuesto a perdonar. Así es Cristo. Mucha gente nos critica por ir a Misa: ¿Somos capaces de decirles: “Voy a Misa porque soy pecador y quiero recibir el perdón, participar en la redención de Jesús, de su perdón”? Los que celebramos la Misa dominical o a diario tenemos otra exigencia de Jesús: que haya continuación entre ir y participar de la celebración eucarística y la vida de nuestras comunidades cristianas. Cristo quiere estar en nuestra existencia e impregnarla con su gracia, de tal modo que en cada comunidad cristiana exista una coherencia entre Liturgia y vida. Siempre han de renovar en nosotros la confianza y la esperanza, cuando escuchamos estas palabras de Cristo: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día” (Jn 6, 54). Pan vivo para la vida del mundo es la Eucaristía; Presencia de Cristo que recorrerá nuestras calles y plazas en el fervor de sus discípulos. Vivamos esta celebración, para vivir después nuestro acompañar a Cristo vivo y sacramentado, puesto en esa hermosísima Custodia de Enrique de Arfe. + Braulio Rodríguez Plaza Arzobispo de Toledo y Primado de España

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Redifusión para América y Asia

Redifusión de los programas de producción propia a partir de las 19:00h, (en horario de Miami) y de las 8:00 h. (en horario de Tokio) una de la madrugada en España.

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