Un nuevo comienzo

Escrito semanal del Sr. Arzobispo de Toledo, D. Braulio Rodríguez Plaza

Es suerte verdadera la que tenemos los cristianos: ¡poder empezar la preparación de la renovación anual de la Pascua! Un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a algo grande y seguro, la victoria de Cristo sobre la muerte y sobre cuánto hay de pecado, de negativo en nuestras personas. He aquí lo que es la Cuaresma, no la caricatura que de ella hacen quienes no conocen de qué se trata. Creo que mi mejor consejo para quienes formáis esta Iglesia diocesana está, en esta ocasión, en glosar el mensaje que el papa Francisco nos ha confiado para la Cuaresma 2017.

Es cierto que en Cuaresma recibimos una fuerte llamada a volver a Dios de “todo corazón” (Jl 2,12), pero este volver difícilmente puede estar en nuestra mano si no acrecentamos la amistad con el Señor, que nos evita una vida mediocre. Él es el amigo que nos espera para caminar con Él hacia el monte de la Pascua. ¿Qué hemos e hacer? No se trata de hacer muchas cosas, únicamente intensificar la vida según el Espíritu y dedicarnos con sencillez al ayuno, la oración y la limosna. Pero el Papa indica lo que puede llenar nuestras vidas vacías y que habéis escuchado mucho en este curso pastoral: escuchar y meditar con mayor frecuencia la Palabra de Dios. ¡Cuántas posibilidades tenemos aquí, si en la “lectio divina” vamos a la Escritura Santa y nos ponemos a oír el texto sagrado, a preguntarnos qué nos dice este o aquel pasaje concreto, meditar y contemplar, sacando algún propósito para cambiar la vida.

El Papa Francisco nos ofrece ese pasaje de Lc 16,19-31, un capítulo interesante porque trata todo él de nuestra actitud ante los bienes, los dineros. Una estupenda ocasión para ver cómo nos movemos en este ámbito, pues toca a nuestra actitud ante el supuesto amor a Dios y, cuando afecta al bolsillo, al prójimo. El pobre, que recibe un nombre concreto, Lázaro (=Dios ayuda), y el denominado simplemente como “rico”. El primero es presentado con toda clase de detalles en la parábola de Jesús, con rasgos precisos como alguien conocido que tiene una historia personal, familiar. Prueba de que es el justificado por Jesús, no el rico. Pero no por rico, sino por obtuso por no ver a Lázaro y no darse cuenta de su situación. El cuadro que pinta san Lucas es, pues, sombrío, pues hay una persona degradada y humillada, pero querido y recordado por Dios y no una carga molesta. ¡Cuidado! Ahí somos nosotros fotografiados.

El Papa remarca que la Cuaresma es un tiempo propicio para abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido, y hemos de reconocer en él o en ella el rostro de Cristo. Los encontramos en nuestro camino, y no es preciso buscar mucho. Si hacemos esa lectura eclesial, según el Espíritu Santo, de este texto de san Lucas, la fuerza de la Palabra de Dios nos ayudará a abrir los ojos para acoger la vida de nuestros prójimos y amarla, sobre todo cuando es débil.

Otro aspecto del mensaje del Papa quiero subrayar: el pecado nos ciega, porque con frecuencia negamos que nos afecte. Por eso la parábola de Jesús es despiadada, al mostrar las contradicciones en las que se encuentra el rico (cfr. V. 19). Su riqueza es excesiva, y además la exhibía de manera habitual. En él se vislumbra la corrupción del pecado, según ese itinerario de caer en él que describe san Ignacio de Loyola cuando habla de las clases de hombre (o mujer): el amor al dinero, la vanidad y al soberbia. Y el dinero, que parece muy exterior a nosotros, puede llegar a dominarnos, a someternos a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz. Y además, nos hace, como al epulón, vanidosos y tener una apariencia que esconde un vacío: la de la dimensión más superficial y efímera de la existencia humana.

Sin duda que este evangelio del rico epulón y el pobre Lázaro nos ayuda bien para la Pascua que se acerca. Es parábola rica en matices, que aborda el amor a Dios que da la dignidad a todas las personas por lo que son, no por lo que tienes. Si te encuentras con Cristo en profundidad, verás cómo este texto se iluminará para ti y te ayudará a ti y a mí a realizar el camino de la conversión, redescubrir el don de la Palabra de Dios, y redescubrir a Cristo presente en los más necesitados.

+Braulio, Arzobispo de Toledo. Primado de España

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