Somos una gran familia contigo

Escrito semanal del Sr. Arzobispo, D. Braulio Rodríguez Plaza

El día de la Iglesia Diocesana es una Jornada pastoral importante cada año, porque la dedicamos a recordar lo que es la Iglesia Particular de Toledo y a sentirnos hijos suyos en la familia diocesana. Sentimiento que no aflora fácilmente. La Iglesia Católica Universal es la que tenemos en la mente cuando pensamos en la Iglesia, porque es la única y universal. Pero conviene también comenzar, al pensar en la Iglesia, por aquel primer grupo de discípulos que andaban con Jesús y que luego creció por el ministerio de los Apóstoles, que anunciaron al único Señor, de modo que el número de discípulos se fue ampliando constantemente.

Es en esta descripción y en esta mirada como se ve mejor y se valora más la verdad de nuestra Iglesia Diocesana y nuestra condición de cristianos. Por encima de las distancias de tiempo y espacio, los católicos de hoy en Toledo seguimos siendo, con los discípulos de la primera hora, la Iglesia de Cristo, los llamados por Él y reunidos en torno suyo. Y es aquí, pues, donde acontece la Iglesia del Señor, una, santa, católica y apostólica, en torno a su obispo que está en comunión jerárquica con el Sucesor de Pedro. Es éste quien pastorea en la caridad todas las Iglesias particulares o Diócesis del mundo.

Así que la Iglesia existe de hecho en lugares concretos, en comunidades visibles, presididas por un sucesor de los Apóstoles, en comunión con todas las demás iglesias, particularmente con la Iglesia de Roma, presidida por el Papa Francisco. Ahora bien, si queremos ver la realidad de nuestra Iglesia de Toledo por dentro, tendremos que pensar igualmente en la comunión con Jesús de cada uno de nosotros, en la presencia y acción misteriosa de Cristo que nos une y asimila con Él por la fuerza del Espíritu Santo; de este modo nos hace el Señor, como Iglesia, familia de Dios, Cuerpo de Cristo, Pueblo de Dios.

Conviene recordar estas cosas, porque frecuentemente, cuando hablamos de la Iglesia, solemos quedarnos en los aspectos más exteriores de ella, que tantas veces son los que resultan más vulnerables. Más aún, la imagen que se desprende de la Iglesia proveniente de círculos, plataformas, asociaciones políticas, medios de comunicación social, no es muy halagüeña y consiguen lo que persiguen: que la gente no acepte la a Iglesia o la considere mera organización separada de Cristo, separada de la vida concreta de sus fieles. Es cierto que los católicos no siempre honramos el nombre que llevamos con nuestras obras. Pero, ¿por qué se habla más de lo malo que de lo bueno? ¿Por qué agrandar lo malo y silenciar lo bueno? ¿Por qué no se ponderan las buenas obras de tantos cristianos ejemplares que viven haciendo el bien, consolando a los que sufren y anunciando con su vida los bienes admirables del Reino de Dios?

¿Cómo celebrar, pues, el Día de la Iglesia Diocesana? Ante todo debemos rezar por nuestra Iglesia, por todos sus miembros, sin olvidar a los alejados y a los que más sufren. Pero no basta con la oración; hay que conocer más a fondo su misterio profundo y su vida de cada día. Es muy deseable que nos preguntemos: ¿Qué hacemos realmente por nuestra Iglesia? ¿Somos sólo “clases pasivas? ¿Cuál es nuestro comportamiento, qué actividades de apostolado tenemos? ¿Cuánto tiempo dedicamos a sus actividades de todo tipo: de caridad, de formación, de voluntariados?

Y en el Día de la Iglesia Diocesana, “¿no hablará el obispo de los dineros?” También, porque en la familia todos deben contribuir a ayudar en los gastos y necesidades de la Madre Iglesia. Y he de decirles que ya se preocupa la Administración diocesana de ser trasparente, como todo el mundo puede comprobar en la web del Arzobispado, “Portal de trasparencia”. Lo digo porque son muchos los que se manifiestan desconfiados con los dineros que la Iglesia diocesana recibe. Con sencillez y confianza os pido que seáis generosos. Dad para vuestra Iglesia una aportación significativa, algo que exprese el amor y la gratitud hacia la que os ha enseñado a conocer a Jesucristo y al buen Padre del cielo. Doy por supuesto que en la Declaración de la Renta 2017 habéis puesto la cruz en la casilla de la Iglesia Católica, porque es una forma directa y nada gravosa para vosotros de ayuda al conjunto de la Diócesis. Una cosa es segura: sólo dependemos de nuestros católicos y de nuestra buena administración. Si recibimos dinero de los poderes públicos en nuestras obras caritativo-sociales o para sostener el patrimonio artístico, lo hacemos porque cuidamos de personas y problemas que ellos no cuidan o porque el patrimonio de la Iglesia genera riqueza y tiene una labor social y educativa. Muchas gracias.

Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo y Primado de España

Redifusión para América y Asia