Solemnidad de San Ildefonso, Patrón de Toledo

Homilía del Sr. Arzobispo de Toledo, D. Braulio Rodríguez Plaza

Queridos hermanos:

En la solemnidad de san Ildefonso, junto a nuestras autoridades, a las saludo respetuosamente, tenemos el honor de acoger a varios obispos españoles, que han querido sumarse a nuestra fiesta, por cariño a nuestra Patrono e igualmente por el deseo de compartir cuanta experiencia estamos teniendo en el recuerdo y homenaje al gran arzobispo Cardenal Cisneros, cuyo V centenario de su muerte está significando en la Diócesis, en la ciudad y fuera de ella. Felicidades a todos los fieles que aquí o en radio y RTVD nos oyen o nos contemplan.

Permítanme también expresarles la emoción que me embarga al celebrar en el amado Rito Hispano-Mozárabe la solemnidad de san Ildefonso, arzobispo de Toledo y modelo de amor a la Virgen Santa María y a sus fieles toledanos. Junto con san Isidoro, nuestro Santo gozó siempre de un prestigio que sólo tiene la santidad, y ambos suscitan en los fieles la adhesión que suscitaban los mártires en el pueblo cristiano de los primeros tiempos, por ejemplo santa Leocadia, la joven que dio testimonio de Jesucristo en Toledo siglos antes a que viviera nuestro Santo.

Cuando estaba naciendo el castellano, Gonzalo de Berceo exclamaba: En Toledo la buena, essa villa real,/ que yace sobre Tajo, essa agua cabdal,/ ovo un arzobispo, coronado leal,/ que fue de la Gloriosa amigo natural./ Diziénli Ildefonso, dizlo la escriptura,/ pastor que a su grey daba buena pastura,/ El sancto arzobispo, un leal coronado,/ por entrar a la missa estava aguisado;/ en su preciosa cátedra se sedie asentado,/ adusso la Gloriosa un present muy onrado. (…) Fizoli otra gracia qual nunqua fue oída: dioli una casulla sin aguia cosida; obra era angélica, non de omne texida (Milagros de Nuestra Señora)

“La boca del justo produce sabiduría –nos ha recordado el libro de los Proverbios- (…) Los hombres rectos son guiados por su integridad”. Son consecuencias estas palabras de la lógica más elemental: el ser humano aspira, justamente, a la sabiduría y a la integridad, aunque las conductas torcidas parezcan decir lo contrario. “Los santos, por la fe, conquistaron reinos –reza la liturgia de este día-, obraron justamente, taparon la boca a los leones, apagaron el fuego impetuoso (…), se mostraron fuertes en el combate”. También lo que dice la lectura Apostolus (Heb 11, 33-34) resalta muy bien cuanto san Ildefonso significa en la historia del pueblo toledano.

Alabamos, pues, y bendecimos al Señor por el triunfo de san Ildefonso, al que nuestro Dios otorgó la corona de la inmortalidad por haber defendido su nombre y el de Santa María. ¡Qué hermosa tarea ésta de san Ildefonso de defender el nombre de Dios! Realizar semejante acción lleva consigo un servicio a la humanidad impagable, pues significa que el ser humano no se explica desde sí mismo, sino desde la acción defensora de la misericordia de Dios, que nos permite comenzar siempre de nuevo, a pesar de nuestras posibles malas acciones y pecados. En el santo nombre de Dios y en su presencia recitaremos los nombres de los santos apóstoles y mártires, confesores como san Ildefonso, y vírgenes.

Ante el Señor, dueño de todo, con súplicas ardientes acudimos a su omnipotencia, para que por los méritos de san Ildefonso nos limpie de todo pecado y podamos alegrarnos, como él se alegra, porque somos dignos de estar en la presencia de Jesucristo Salvador. Pedimos también que a todos los que aterroriza el miedo, aflige la carencia de alimentos, veja la tribulación, abruman las enfermedades, a todos los cargados de deuda y sometidos a cualquier tristeza nos libere la indulgente piedad de Dios y nos reconforte su misericordia cada día. De este modo se pide al Padre de los cielos en la oración Ad pacem en este día.

En la gran acción de gracias de esta solemnidad, llamada Ilatio en nuestro venerable rito, agradecemos al Señor la vida y la persona de su confesor, por la fe y el amor, san Ildefonso. Y pedimos no envanecernos en la prosperidad ni desanimarnos cuando lleguen las adversidades, ni nos hieran las saetas de los espíritus inmundos o las flechas de nuestros adversarios; bien, al contrario, que “sean aliviadas las angustias de tus siervos, oh Jesucristo, y las de todos los fieles”.

Son muchas las cosas a pedir para nuestra ciudad, para esta Archidiócesis de Toledo y las Iglesias de los hermanos obispos que nos acompañan, para toda España, lo que hoy es la antigua Hispania que celebraba en este viejo rito: el bien común, la paz y la concordia, la valentía para solucionar cuantos problemas tengamos, la audacia para atender a cuantos sufren. Queremos pedir al Señor, por medio de tan gran valedor como es san Ildefonso, que se nos conceda vivir una sana laicidad, una mutua cooperación lejos de separatismos; también que no resuciten los viejos problemas; que tengamos amplitud de miras, ninguna aceptación de la violencia y el terrorismo, poca resignación ante situaciones injustas que traen tribulación y dolor a los más pobres, cuidado y defensa de la vida y de la tierra, y, como católicos, participar de los sentimientos de Cristo Jesús, en cuya compañía se construyan nuestras vidas de hijos de la Iglesia, madre nuestra que nos da a Jesucristo.

Podemos hacer estas peticiones al Señor con san Ildefonso poniendo como abogada a la Madre del Señor. Quiera darnos Jesucristo imitar el amor de nuestro Patrono a María, que muestra la gran obra del Arzobispo toledano a Nuestra Señora, Liber de virginitate perpetua sanctae Mariae:

Por eso me gozo en mi Señora,
Canto de alegría a la Madre de mi señor,
Exulto con la Sierva de su Hijo, que ha sido hecha
Madre de mi Creador
Y disfruto con Aquella en la que el Verbo se ha
Hecho carne.
Porque gracias a la Virgen yo confío en la muerte de este Hijo de Dios
Y espero que mi salvación y mi alegría vengan de Dios siempre y sin mengua,
Ahora, desde ahora y en todo tiempo y en toda
Edad por los siglos de los siglos. AMÉN.

Redifusión para América y Asia