Maestro, ¿dónde vives? Venid y lo veréis (Jn 1, 36-39)

Escrito semanal del Sr. Arzobispo de Toledo, D. Braulio Rodríguez Plaza

En el inicio de la Cuaresma, que no olvidemos tiene como fin preparar la Pascua del Señor, ¿por qué no hacer todos una lectura espiritual y eclesial (“Lectio divina) del pasaje evangélico de Juan, 1,35-39? Nos vendría bien, puesto que ese relato precioso tiene que ver con nuestro seguimiento de Jesús que nos llama y nos invita a conocerlo mejor. Especialmente apropiado es para los jóvenes. Y explico por qué. El próximo Sínodo de Obispos, que tendrá lugar en octubre de 2018, el Papa Francisco ha querido que tenga como tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Y precisamente, para esta ocasión, el “icono evangélico” que fije nuestra atención es este pasaje del evangelio de san Juan, donde Jesús pregunta a dos discípulos del Bautista: “¿Qué buscáis? Y ellos respondieron: Maestro, “¿dónde vives?”; a lo que respondió Jesús: “Venid y lo veréis”.

El texto habla del encuentro de Jesús con dos personas concretas: Andrés y, probablemente, el mismo Juan evangelista. Eran discípulos del Bautista, pero, después de estar con Jesús esa tarde, el impacto del encuentro de aquel día fue imborrable. Ese encuentro colmará las esperanzas de los dos que conocieron por primera vez a Jesús; y llenará de luz y de fuerza su vida en camino. Acontece aquí con estos discípulos lo que el Papa Benedicto XVI expresaba en aquella hermosa carta “Dios es amor”: únicamente se hace uno cristiano cuando se da ese encuentro con la persona viva de Cristo; no hay otra forma de llegar a ser discípulo: Jesús nos responde cuando preguntamos y, al mismo tiempo, nos pregunta, como ocurrió con Juan y Andrés. Y comienza un itinerario, que sigue y tiende a llegar a su culmen, hasta el final. Pero aquí es preciso que nosotros nos preguntemos si buscamos, si respondemos a las preguntas de Jesús: “¿Qué buscáis?”.

El documento que hace algunas semanas apareció para ese Sínodo de Obispos 2018 (llamado Lineamenta, esto es, materiales básicos para abordar el tema) contiene tres realidades: jóvenes, fe y discernimiento vocacional. Sin duda que es más urgente que los jóvenes comprendidos entre los 16 y los 29 años respondan a Jesús y se encuentren con Él en “su hoy”, porque están en una fase decisiva de su vida. Pero los que hemos podido pronunciar en nuestro “hoy” el sí a Cristo con la experiencia del encuentro con Él a los 15, 20, 40, 60 y más años, podemos seguir encontrándonos con Él, para continuar en su seguimiento. Cristo es el mismo, ayer, hoy y para siempre. Son muy apropiadas las palabras del Papa Francisco: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso… porque nadie queda excluido de la alegría proporcionada por el Señor” (Evangelii gaudium, 3).

Cuaresma es tiempo de fe, de discernimiento y de vocación, de llamada, aspectos de la vida cristiana que son inseparables. El hombre y la mujer, por definición, es vocación, recorrido hacia la meta, maduración, peregrino que con los demás va ofreciendo y recibiendo. Si hablamos de llamadas, Dios nos llama muchas veces: cuando fuimos creados a su imagen y semejanza al ser engendrados por nuestros padres; la segunda llamada es a formar parte de la Iglesia, cuando ella nos da a luz en el Bautismo y nos otorga la fe y el Evangelio. Ya dentro de la Iglesia, hay llamadas a vocaciones diferentes y todas excelentes (matrimonio cristiano, al ministerio sacerdotal, a la vida religiosa). Pero además, cada uno de nosotros es irrepetible, amado directamente por Dios en Cristo, y por ello recibido la llamada a ser nosotros mismos, respondiendo al diseño de Dios.

Cuaresma es momento de escuchar más la Escritura, orar con Cristo, examinar nuestra vida, pedir el auxilio del Señor, convertir los pasos de nuestra vida en la dirección de Dios. El Espíritu Santo nos proporciona la fuerza necesaria. No dudemos en abrir nuestro corazón. Pido al Señor por vosotros, con la intercesión de la Virgen, los Apóstoles y los Evangelistas.

Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo y Primado de España

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